En el momento que decidimos creer y le abrimos las puertas de nuestro corazón a Jesucristo, algo extraordinario ocurre. Al ver nuestro arrepentimiento, el Señor persona nuestros pecados, nos permite emprender una nueva vida y nos asegura la vida eterna.

Los avances científicos de los últimos tiempos llevan a infinidad de personas a moverse en la dimensión de todo lo materia y desechar lo que suene a espiritualidad. De la mano con esa actitud, cuestionar la existencia de Dios.

Desde una perspectiva realista no es algo novedoso. Ha sido así por siglos, como advirtió el rey Salomón:

“Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables; no hay quien haga el bien.” (Salmo 14: 1)

Al asumir esta posición, la persona evidencia escepticismo, autosuficiencia y orgullo.

El teólogo norteamericano y maestro de la Biblia, Eddie Cloer, señala:

“Las cosas visibles, tangibles y visibles del universo, prueban la existencia de la mano invisible de Dios. Nos hablan de Su poder sin límites, y de su carácter sobrenatural. Nos damos cuenta que Dios existe por la revelación general—el mundo que nos rodea—y que, por supuesto, está por encima de nosotros.”

Cuando tenemos fe, esa apreciación la acogemos sin mayor discusión. Sin duda, es lógica. Sin embargo, para quien no cree en nada ni en nadie, suena distante de la realidad y algo hipotética.

RAZONES PODEROSAS

Pero, ¿por qué motivo no debería ser así? ¿En dónde radica el equívoco de nuestra generación escéptica? ¿Qué razones podemos aducir para la existencia de un Ser Supremo que, dentro de sus planes, tuvo la creación del universo y del hombre que lo habita?

Permítanos mencionar las siguientes:

1.- La existencia misma del universo (Génesis 1: 1; Salmo 19: 19

2.- La creación que nos rodea (Romanos 1: 20)

3.- Toda la perfección de lo creado (Hechos 14: 17)

4.- Lo asombroso del ser humano (Génesis 1: 26-18; Salmo 139: 13, 14)

5.- La contundencia de que todo a nuestro alrededor, incluyendo el universo, funcione con la perfección de un reloj suizo (Hebreos 1: 3)

Cabe citar nuevamente al maestro, Eddie Cloer:

“El hombre es una maravilla superior, mucho mayor que el universo material. Puede razonar, amar, creer, soñar, planear y diseñar. Los científicos nos aseguran que el cerebro de una persona es mucho más complejo que la más completa y excelente de las computadoras que se puedan construir.”

No pretendemos en unas cuantas líneas llevarlo a creer. Es una decisión personal y, por tanto, respetable.

NO HAY COINCIDENCIAS

Pero, en gracia de discusión, le invitamos a pensar en su vida. ¿Cree que existe por merca coincidencia? Por cierto, que no. Hay un plan eterno y dentro de ese plan del Supremo Hacedor, siempre ha estado usted.

Cuando evaluamos todo alrededor, lo que nos ha ocurrido y aquello que nos mantiene con vida, no podemos menos que concluir que algo especial ha permitido nuestra existencia. Ese “algo” que nos sorprende, es Dios mismo.

En el momento que decidimos creer y le abrimos las puertas de nuestro corazón a Jesucristo, algo extraordinario ocurre. Al ver nuestro arrepentimiento, el Señor persona nuestros pecados, nos permite emprender una nueva vida y nos asegura la vida eterna.

Le animamos a hacer un alto en el camino, reflexionar sobre su ser y vivir la experiencia tener una experiencia con Jesús. Él es quien produce la transformación que necesitamos.

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© Fernando Alexis Jiménez | Ministerios Vida Familiar | #RadioBendiciones


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