Infinidad de personas en nuestro tiempo enfrentan las consecuencias de la desesperanza. Muchas de ellas enferman. Otras llegan a pensar en el suicidio como salida a los conflictos. Pero, ¿hay todavía una oportunidad? Análisis bíblico.

En medio de una situación tan desesperada como la que vive la sociedad, cabe preguntarnos: ¿Hay esperanza para las personas? Por qué nos formulamos este primer interrogante, porque quienes no creen en nada ni en nadie, se mueven en un ámbito de desesperanza.

Pero, ¿dónde hallar esa esperanza? Nuestra esperanza en medio de las crisis está en Jesucristo. Es a Él a quien debemos volver la mirada.  Vamos a explicar por qué.

LA DESESPERANZA, ENFERMA

¿Por qué es importante creer y, particularmente, tener claridad de en quién y en qué creemos? Vamos a reflexionar detenidamente en el asunto. Para avanzar, el primer elemento que abordaremos son las consecuencias de no tener fe ni esperanza.

Alguien que no tiene a nadie a quién acudir en medio de la desesperación, terminará agobiado y, progresivamente, enfermará emocional y físicamente.

Los especialistas coindicen en asegurar que es fácil observar una correlación entre la desesperanza y otro tipo de sensaciones y emociones negativas y relacionan las siguientes:

  • Baja motivación.
  • Desinterés.
  • Tristeza
  • Cansancio
  • Apatía.

Se estima que las personas con depresión, estrés o preocupaciones tienen un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes, accidentes cerebrovasculares, dolor y enfermedad de Alzheimer. Diversas investigaciones también sugieren que las personas con depresión–fruto de la desesperanza– pueden se proclives a  un mayor riesgo de osteoporosis.

Ahora, la relevancia de encontrar una fuente de esperanza, la abordó el rey Salomón cuando escribió:

«La esperanza que se demora enferma el corazón, pero el deseo cumplido es árbol de vida.» (Proverbios 13:12 | NBLA)

Cuando creemos, el panorama de infelicidad en nuestra vida cambia diametralmente. Desconocemos cuál sea su situación por la que actualmente esté atravesando, pero lo que sí podemos asegurarle es que una fe asida en Jesucristo, transformará su mundo interior y le llevará a experimentar ganas de vivir plenamente.

LA ESPERANZA REAVIVA NUESTRO SER

Cuando desarrollamos fe, abrimos las puertas a la esperanza. Y con esperanza, hay vida. Una concatenación que nos lleva a superar situaciones que se derivan de la desesperanza.

Lo primero en lo que debemos reflexionar, es en la importancia de la espiritualidad y, en esa dirección, permitirle a Jesús que more en nuestro corazón para que podamos emprender una vida renovada.

Alrededor del tema, el apóstol Pablo explicó el proceso de transformación que se vive cuando el Hijo de Dios es quien guía nuestros pasos:

“… recuerden que en ese tiempo ustedes estaban separados de Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel, extraños a los pactos de la promesa, sin tener esperanza y sin Dios en el mundo.” (Efesios 2: 12 | La Biblia de Las Américas)

También, acerca de Jesucristo, el apóstol Pablo escribe:

«Tenemos como ancla del alma, una esperanza segura y firme, y que penetra hasta detrás del velo, adonde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho, según el orden de Melquisedec, Sumo Sacerdote para siempre.» (Hebreos 6:19, 20 | NBLA)

¿Por qué dice que el Salvador es esperanza segura? Porque en Jesús encontramos perdón de pecados, una nueva oportunidad de vida y la certeza de vivir por la eternidad.

¿Qué ocurre entonces cuando le permitimos a Cristo que more en nuestro ser y ocupe el primer lugar en la familia? La Palabra anota:

“Y el Dios de la esperanza los llene de todo gozo y paz en el creer, para que abunden en esperanza por el poder del Espíritu Santo.” (Romanos 15: 13 | NBLA)

Alguien que escribió a Ministerios Vida Familiar dejó entrever que su estado de desesperación era tal, que en varias ocasiones contempló la posibilidad de quitarse la vida. Su perspectiva cambió al percatarse que todos los problemas tienen solución y que, las puertas para hallar soluciones, están en el Señor Jesús.

EL CRISTIANO TIENE EL ADN DE LA ESPERANZA

Ser cristiano, proceso al que se llega cuando le abrimos las puertas de nuestro corazón al Señor Jesús, va ligado con una transformación que incluye recobrar la esperanza, por encima de las circunstancias difíciles.

El apóstol Pablo lo explica en términos sencillos:

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según Su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos,  para obtener una herencia incorruptible, inmaculada, y que no se marchitará, reservada en los cielos para ustedes.  Mediante la fe ustedes son protegidos por el poder de Dios, para la salvación que está preparada para ser revelada en el último tiempo. En lo cual ustedes se regocijan grandemente, aunque ahora, por un poco de tiempo si es necesario, sean afligidos con diversas pruebas” (1 Pedro 1: 3-6 | NBLA)

Por favor tome nota de lo que enseña el texto en torno a lo que ocurre cuando recibimos a Jesús:

  • Dios nos expresa su misericordia.
  • Nos lleva a nacer de nuevo.
  • Adquirimos una esperanza viva.
  • El poder de Dios nos protege.
  • Tenemos la certeza de la salvación.
  • Las pruebas serán temporales.

Al leer una y otra vez el pasaje Escritural, hallamos razones para reafirmarnos en la esperanza viva de ser cristianos.

Es imperativo asumir en nuestro corazón, que fuimos concebidos para ser victoriosos, vencer sobre las dificultades. ¿De que manera? prendidos de la mano del Señor Jesucristo.
Con ayuda de Dios experimentamos una transformación permanente.

PARA USTED HAY ESPERANZA

Retomamos un asunto: indistintamente de los errores que usted haya cometido en el pasado, para usted hay esperanza. Así lo dejó claro nuestro Señor Jesucristo:

“ Jesús les respondió: «Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos.  No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento».” (Lucas 5: 31, 32 | NBLA)

Cuando alguien acude a Jesús, no lo condena. Por el contrario, le abre las puertas a una nueva vida.

Podemos ir con plena confianza delante del Padre celestial, porque Cristo ya hizo la obra redentora en la cruz:

“Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos[a] paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo,  por medio de quien también hemos obtenido entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos[b] en la esperanza de la gloria de Dios”(Romanos 5: 1, 2 | NBLA)

Por el sacrificio doloroso de nuestro Salvador, el Supremo Hacedor no nos ve ahora como pecadores, sino como hijos, justificados por la sangre vertida en el Gólgota.

SOMOS SALVOS POR GRACIA, NO POR OBRAS

La redención la hizo Jesús por nosotros en la cruz. La salvación fue a precio de sangre. No es por nuestras obras, ni tampoco lo que muchos aseguran: “No voy a ir al infierno porque soy buena persona”.

Sobre la gracia salvadora, el apóstol Pablo escribe:

“Y Él me ha dicho: «Te basta Mi gracia, pues Mi poder se perfecciona en la debilidad». Por tanto, con muchísimo gusto me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí. Por eso me complazco en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en angustias por amor a Cristo, porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.” (2 Corintios 12: 9, 10; Romanos 5:17-20 | NBLA)

Por supuesto, nuestro adversario espiritual, Satanás, querrá convencernos una y otra vez de que la pecaminosidad nos impide avanzar y que jamás podremos ser falsos. Pretende que desestimemos la gracia divina.

El camino es ir a Cristo en procura del perdón de nuestros pecados para reemprender el camino, como enseña el apóstol Juan:

«Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad…» (1 Juan 1:9)

Recuerde que no podemos confiar en nuestras propias fuerzas, por que nuestra inclinación es a pecar (Jeremías 17:9; 1 Pedro 1: 7). Por ese motivo, no debemos depender de nuestras fuerzas, sino del poder de Dios quien nos fortalece para vencer las tentaciones (1 Pedro 5: 8).

Siempre tenga presente la advertencia del rey Salomón:

“Delante de la destrucción va el orgullo, y delante de la caída, la arrogancia de espíritu.” (Proverbios 16: 18; Cf. 1 Corintios 10:12 | NBLA)

De esta manera, por la redención de Cristo, queda atrás la sentencia de condenación que pesa sobre quienes persisten en su situación de pecaminosidad (Ezequiel 18:20-28)

Hoy es el día para hacer un alto en el camino. ¿Desea seguir como hasta hoy, gobernado por la desesperanza? Si su propósito es experimentar una transformación, llegó el momento de volver la mirada a Jesucristo. Él es quien nos lleva a cambiar en todas las áreas del corazón. Recíbalo en su corazón como único y suficiente Salvador.

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© Fernando Alexis Jiménez | Ministerios Vida Familiar | #RadioVidaFamiliar


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