Procurar reprimir los sentimientos a fuerza de voluntad no ayuda. Puede ser contraproducente y reforzar el impulso. Descubra por qué.

Toda sensación que experimentamos es una señal y toda emoción, es un llamado de atención. Puede convertirse en una oportunidad para efectuar un cambio, fortalecer una relación o avanzar hacia algo nuevo. Es así cuando nos damos a la tarea de procesar nuestras emociones con ayuda de Dios.

El enojo, por ejemplo, nos motiva a la acción. La decisión esta en nuestras manos. Bajo el enojo podemos reaccionar paran ofender o, por el contrario, para razonar, medir el alcance de las consecuencias de lo que decimos o hacemos o, también, procurar una solución.

Podríamos señalar que el enojo es como una voz interior que grita, suplica, demanda u obliga, Si estamos enojados, reconocemos que hay límites que no debemos cruzar, ni permitir que se convierta en cólera u hostilidad desbordada.

El apóstol Pablo, al dirigirse a los creyentes de Éfeso en el primer siglo, escribió:

“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo.” (Efesios 4. 26, 27 | RV 60)

Como podrá apreciar, cada quien determina si se deja arrastrar por el enfado. Si le abrimos las puertas, nos causamos daño y, de paso, a las personas que amamos y los seres con los que interactuamos diariamente.

Lo curioso es que en ocasiones estallamos por asuntos intrascendentes para, momentos después, arrepentirnos por nuestras acciones.

Roberto J. Cooper, enseña:

“Perdemos un tiempo valioso tratando de enmendar el equívoco, ofreciendo excusas y luchando con el sentimiento de cupa. De la mano con esta situación el remordimiento. ¿Resultado? Perdemos energía. Nos distrae. Todos perdemos.”

APRENDA A MANEJAR LA IMPULSIVIDAD EMOCIONAL

Todos enfrentamos impulsos emocionales. Son inevitables. Sin embargo, lo imperativo es aprender a canalizar la energía emocional y el impulso de actuar de manera inapropiada. Encausar nuestras reacciones es lo que marca la diferencia.

El apóstol Pablo advierte:

“Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios” (Santiago 1: 19, 20 | RV 60)

Procurar reprimir los sentimientos a fuerza de voluntad no ayuda. Puede ser contraproducente y reforzar el impulso.

Cuando aprendemos a manejar las emociones, logramos una conexión más clara con las verdaderas razones de nuestro enfado, vigilamos más de cerca los niveles de energía y tensión y hacemos frente –de manera satisfactoria– a cualquier situación o desafío.

El especialista en temas de manejo emocional, Ayman Sawaf, hace la siguiente apreciación:

“La impulsividad habitual de las personas dificulta las relaciones de confianza y socava el rendimiento. Una señal de emociones a las que se puede y se logra conocer, es la capacidad de superar la impulsividad y guiar apropiadamente su reacción a las emociones.”

Desconocer el peso de nuestras emociones, temprano o tarde nos llevará a cometer errores.

ASUMA LA RESPONSABILIDAD POR SUS EMOCIONES

Con frecuencia podrá descubrir a su alrededor a personas que no controlan sus emociones. Lo que llama poderosamente la atención es que tratan de justificar sus reacciones equivocadas, en la mayoría de los casos, dañinas.

La tendencia humana es a ampararnos en sinnúmero de excusas. Nos auto etiquetamos para hacer alusión a las motivaciones para las reacciones desbordadas y de esa manera se hace más fácil justificarnos.

Compartimos tres pasos que le ayudarán a superar ese comportamiento:

  1. Reconozco y asumo las emociones, dejando de lado el negarlas o minimizarlas.
  2. Procesa la información externa antes de reaccionar y preguntarse: ¿Cuáles son mis principios y valores o quizá metas que están en juego en este momento?
  3. Canalice la energía de sus emociones hacia una respuesta constructiva.

Revise con frecuencia estos principios. Le ayudaran a experimentar cambios duraderos en su forma de pensar y actuar.

LAS SEÑALES QUE EMITEN LAS EMOCIONES

Las emociones constituyen un sistema de señales que nos suministra la información necesaria para ordenar nuestra conducta. Hacen posible que pongamos límites a nuestras reacciones.

Piense por un instante que todas las emociones tienen su utilidad particular. Nuestro mundo interior las genera para enseñarnos algo.

El conocimiento emocional demanda reconocer y respetar nuestros sentimientos, conservando al mismo tiempo la conciencia y la disciplina para no dejarnos llevar por los vientos emotivos del momento.

Por el contrario, hay que dirigir la energía emocional a hacer lo apropiado, sin causarnos daño ni a las personas con las que interactuamos diariamente.


(c) Fernando Alexis Jiménez | Ministerios Vida Familiar | #RadioBendiciones


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